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  • Iglesia Biblica Berea

El Evangelio te hace capaz de perdonar (3)

¡Bienvenidos al capítulo final de nuestra serie de tres blogs sobre un tema que afecta a muchas parejas en todo el mundo: la amargura en el matrimonio, el perdón y cómo el evangelio puede ser la solución definitiva. Hemos recorrido un viaje de crecimiento a través de las escrituras, explorando las raíces de la amargura, discutiendo las herramientas y el antídoto necesario para combatirla, y ahora, en este tercer y último capítulo, estamos a punto de desvelar la solución final.

 

Si una serpiente venenosa te muerde, no sirve de mucho saber cuál es el antídoto si un médico no te lo administra. Personalmente, carecería de conocimiento para aplicarlo: cuánta cantidad necesitaría y demás. De la misma manera, no basta con conocer el antídoto para la amargura, que es el perdón bíblico. Este conocimiento no es suficiente, ya que es imposible perdonar bíblicamente por nosotros mismos. Necesitamos algo que aplique ese antídoto en nuestras vidas. Necesitamos aquello que nos hace capaces de perdonar bíblicamente, y solo el evangelio es suficiente para esto.

Si nunca has experimentado el arrepentimiento por tus pecados y la confianza en el sacrificio de Cristo en la cruz para el perdón de tus pecados, así como en Su resurrección como tu esperanza de vida eterna, entonces no posees el poder del Espíritu Santo para perdonar de la manera que Dios requiere. Si te encuentras en esa situación, te aliento a que te arrepientas y pongas tu fe en Jesucristo hoy.


Sin embargo, quiero destacar que no solo se aplica esto a quienes aún no son cristianos. Los creyentes también deben recordar que no deben guardar el evangelio en el olvido hasta el día de la resurrección. ¡No! El cristiano necesita recordar el evangelio de forma continua para poder perseverar en todas las pruebas y tentaciones de la vida. El evangelio es esencial tanto para los no creyentes como para los creyentes, independientemente de cuánto tiempo tengan en la fe.


En el Nuevo Testamento se observa este patrón: cada mandato o imperativo está conectado con un indicativo, es decir, una verdad acerca de la persona o la obra de Dios. Por ejemplo, en Colosenses 3: 13 se nos insta a que "de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros". De manera similar, en Efesios 4:32 se nos exhorta: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ver también Mt 18:33). La razón fundamental para obedecer el mandamiento de perdonar esta arraigada en la salvación: Dios te ha perdonado a ti. En otras palabras, el perdón divino es la base para el perdón humano.


Sin embargo, en medio de un conflicto, a menudo nos resulta difícil recordar el evangelio. Esto se debe a que tendemos a minimizar nuestros propios pecados y a maximizar los errores de nuestro cónyuge. Estamos más preocupados por la "paja" en el ojo de nuestra pareja que por la "viga" en el nuestro (Mateo 7:4-5). Nos comparamos con nuestro cónyuge y por eso creemos que estamos en lo correcto, lo que nos lleva a no buscar la gracia de Dios. Pero es necesario reconocer nuestra necesidad de perdón por nuestra propia contribución al conflicto. A menudo olvidamos que la amargura y el enojo son asuntos serios a los ojos de Dios. No podemos justificar nuestra actitud con excusas como "tengo un temperamento fuerte" o "mi personalidad es así”. No debemos engañarnos a nosotros mismos. Jesús lo dejó claro en el Sermón del Monte cuando dijo:“No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo¹ quedará expuesto al infierno de fuego.”(Mateo 5:21-22). Si comprendiéramos que, al enojarnos con nuestro cónyuge, estamos albergando pensamientos similares a los de un homicida en nuestro corazón, seriamos más solícitos para buscar la gracia de Dios.


Para neutralizar el veneno de la amargura en nuestro matrimonio mediante el perdón, debemos recordar las realidades soteriológicas, es decir, las bendiciones que hemos recibido en la salvación. Pablo menciona algunas como el fundamento para la piedad en el versículo 12: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”. En ese pasaje se describe a los cristianos como "escogidos de Dios, santos y amados". Es maravilloso saber que hemos sido escogidos por Dios, y que somos amados. Hemos pasado de ser deudores criminales ante Dios a ser amados por Él. Hemos salido del tribunal de Dios, habiendo sido perdonados, y ahora somos recibidos en la casa de Dios como hijos amados. Esta debe ser tu firme convicción si deseas superar la amargura en tu matrimonio.


Es cierto que a nadie le gusta recordar lo indignos que somos o que somos pecadores.A menudo preferimos evitar pensar en la inmensidad de la deuda que teníamos con el Dios justo. Pero ¿Cómo no nos va a conmover profundamente cuando pensamos que esa deuda astronómica que teníamos por nuestros pecados, Dios las quitó de nuestras manos y las clavó en la cruz de Jesús? Jesús murió en nuestro lugar por esos pecados. No hemos hecho nada para merecerlo, excepto poner nuestra fe en esta obra redentora.²

El desafío radica en abrir el libro de Dios todos los días y, en la presencia del Señor, reconocer nuestra condición y recordarnos diariamente el Evangelio. Solo cuando tengamos esta realidad presente en nuestras mentes estaremos preparados para mantener una "actitud de perdón" cuando nuestro esposo o esposa peque en contra de nosotros. Y si nunca lo has hecho, hoy es el día que puedes arrepentirte de tu pecado y poner tu fe en Cristo como tu Señor y tu Salvador.

Temo que muchos matrimonios que se han dado por vencidos. Han pasado tantos años en conflicto que han perdido la esperanza de que las cosas pueden mejorar. Simplemente cohabitan, no como “una sola carne” (Gn 2:24) sino como “dos carnes” viviendo bajo un mismo techo. Sin embargo, Dios está esperando que tomes acción. Ayuda a tu cónyuge a no envenenarse con resentimiento en contra de ti. No postergues la confesión de tu pecado hacia tu esposa o esposo; hazlo hoy mismo. Reconoce las formas en que has contribuido al conflicto y pide perdón sinceramente. La responsabilidad del otro es perdonar. Entiendo que hay situaciones que pueden parecer imposibles, como el adulterio, el abuso o el maltrato. De ninguna manera queremos minimizar ese sufrimiento. Sin embargo, el principio bíblico es claro: el cristiano debe ser misericordioso, así como Dios es misericordioso.

Es importante aclarar que para que haya perdón, tiene que haber una confesión sincera por parte de quien ha pecado. Pero incluso la otra persona no pide perdón, no tienes derecho a aferrarte al enojo y al resentimiento. La amargura es una actitud pecaminosa y debes arrepentirte de ella hoy (Ef 4:31). Aunque la “transacción” de perdón no sea posible porque la otra persona no ha pedido perdón, debes cultivar en tu corazón la disposición para perdonarlo. Esto solo es posible cuando permites que Dios trabaje en tu corazón, si te empapas del evangelio día a día. Aquí radica la lucha, hermanos. La pregunta debemos hacernos es: si de verdad valoramos la obra salvífica de Dios en nuestras vidas y el perdón que Él nos ha brindado en Cristo, ¿eso nos va a mover a perdonar de todo corazón a nuestro cónyuge?

Oración: Señor, te alabo porque he sido perdonado por tu gracia inmerecida. Es únicamente porque tú Hijo Jesucristo fue colgado en un madero, y porque Él tomó nuestros pecados en su cuerpo. Te pido que libres mi matrimonio del veneno de la amargura. Confieso que en vez de perdonar a mi cónyuge he acumulado resentimiento en contra de él. Reconozco que tú me llamas a ser un perdonador, tal como tú lo eres. Esto es un llamado imposible por mis propios medios. Ayúdame ver donde hay falta de perdón en mi corazón y habilítame para perdonar completamente, sin condiciones y de todo corazón. No me permitas olvidarme de las preciosas verdades del evangelio sino a recordarlas todos los días, que mi necesidad de gracia se afiance en mis pensamientos, como un mendigo espiritual. En el nombre de Jesús, amén.


 

Escrito por: Luis E. Rodríguez (rodriguez.le@gmail.com), basado en su sermón predicado el 12 de febrero de 2022 en la conferencia “Cuida Tu Matrimonio” en la Iglesia Bíblica Berea, North Hollywood, California.


 

¹“Idiota” en la Biblia de Las Américas.

²Ver también Colosenses 2:13-14, el cual describe preciosamente el perdón como la anulación de una deuda.

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